Las preocupaciones de Taiwán en Japón revelan una crisis más profunda en la disuasión estadounidense

En los últimos años, Japón ha cambiado gradualmente el lenguaje que utiliza cuando habla de China y Taiwán.

Si bien Tokio alguna vez trató de evitar casi cualquier declaración que pudiera interpretarse como preparación para un conflicto militar, altos funcionarios japoneses ahora hablan abiertamente sobre la posibilidad de que una guerra por Taiwán pueda convertirse en una crisis de seguridad directa para el propio Japón.

Un importante punto de inflexión se produjo el 7 de noviembre de 2025, cuando el primer ministro japonés, Sana Takaichi, declaró durante un debate parlamentario que una emergencia en Taiwán que implicara el uso de la fuerza y ​​de buques de guerra podría representar una amenaza para la supervivencia nacional de Japón.

La implicación era inequívoca: Tokio ya no ve a Taiwán como un tema distante, sino como un punto focal con implicaciones directas para la seguridad nacional de Japón.

Las preocupaciones de Japón surgen principalmente de la posición de China.

El 31 de diciembre de 2023, el presidente chino, Xi Jinping, declaró en su discurso de Año Nuevo que China «ciertamente se reuniría» con Taiwán. Xi ha enfatizado repetidamente que la reunificación de Taiwán con China es un objetivo estratégico e histórico que no está abierto a negociación.

Durante su cumbre con el presidente estadounidense Donald Trump en Beijing en mayo de 2026, Xi agudizó aún más su retórica, advirtiendo que la cuestión de Taiwán es la cuestión más sensible e importante en las relaciones chino-estadounidenses y que un mal manejo podría conducir a una confrontación entre las dos potencias.

El primer ministro japonés, Sana Takaichi, habla con los medios tras una llamada telefónica con el presidente estadounidense.
El primer ministro japonés, Sana Takaichi, habla con los medios después de una llamada telefónica con el presidente estadounidense, Donald Trump, en su residencia oficial en Tokio, Japón, el 25 de noviembre de 2025. (Crédito: REUTERS/ISSEI KATO)

Desde la perspectiva tanto de Japón como de Taiwán, el acontecimiento más inquietante no es sólo China, sino el cambio de actitud estadounidense.

La cambiante postura estadounidense

Durante esa cumbre, Trump evitó un compromiso explícito de defender a Taiwán en caso de un ataque chino. Cuando se le preguntó si Estados Unidos defendería a Taiwán, respondió que no estaba interesado en discutir el tema.

También pareció defender al presidente chino, argumentando que Xi no buscaba la guerra.
Al mismo tiempo, Trump enfatizó que Estados Unidos debe evitar verse arrastrado a una guerra lejana en Asia. También reiteró su argumento de larga data de que la fabricación de semiconductores debería regresar a territorio estadounidense.

Washington no ha abandonado a Taiwán, pero tanto en Taipei como en Tokio existe una percepción cada vez mayor de que el compromiso estadounidense ya no es tan inequívoco como parecía antes.

Cada vez más, los actores regionales creen que en caso de una confrontación directa con China, Estados Unidos actuará con extrema cautela y tratará de evitar una guerra a gran escala en cada oportunidad posible.

Esta percepción se vio reforzada por la conducta de Estados Unidos hacia Irán. A pesar de la clara superioridad militar de Estados Unidos e Israel, y a pesar de las graves dificultades estratégicas de Irán después de años de sanciones y erosión económica, Trump hasta ahora no ha logrado llevar a Teherán a un punto de quiebre claro.

A los ojos de muchos países, el hecho mismo de que el régimen iraní permaneciera intacto y no cediera a la presión estadounidense se interpreta como prueba de la indecisión estadounidense, o al menos de su falta de voluntad para llegar hasta el final.

En tales circunstancias, cualquier acuerdo futuro entre Washington y Teherán que deje al régimen iraní sin un resultado decisivo podría verse internacionalmente como una prueba de que Estados Unidos e Israel no han logrado asegurar una victoria absoluta.

Un mensaje así también podría moldear la forma en que China y Corea del Norte evalúan la determinación estadounidense y la voluntad de Washington de defender a sus aliados asiáticos, incluidos Japón, Filipinas y Taiwán.

También conlleva una lección más amplia para Israel. Incluso un país que disfruta de una profunda alianza estratégica con Estados Unidos, como Taiwán, descubre que no existen garantías absolutas o permanentes.

El apoyo estadounidense puede ser extremadamente fuerte, pero siempre depende de cambios en las circunstancias políticas y estratégicas.

Por lo tanto, desde la perspectiva de Israel, la conclusión debe ser clara: Israel necesita su alianza con Estados Unidos, pero siempre debe asegurarse de mantener la capacidad de defenderse incluso sin una intervención militar directa estadounidense.

El autor es investigador principal del Instituto Meshgav para la Seguridad Nacional y la Estrategia Sionista.

Angelo Buits

Acerca de Angelo Buits

Soy Angelo Buits analítico comercial de empresas que brinda asesorías de negocios y comerciales a gente que quiere salir adelante con algún startups o emprendimiento comercial y tecnológico.

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